La plaza de los 26 años después
Hace 26 años no sólo que no existían Internet, Macri y la Buenos Aires turística. La comunicación masiva no terminaba de constituirse en problema civilizatorio, no tenía la centralidad que tiene hoy, proporcional y enancada en la debilidad institucional, política y cultural de nuestras sociedades. Hace 26 años que decimos, que pretendemos hacer que apostamos a robustecer la democracia. A la hora de ayudar a hacerlo democratizando la comunicación, la oposición y unos cuantos periodistas de tiro corto se esconden en el sambenito temeroso: “No es el momento”.
Hace 25, 26 años, todavía sangrando los recuerdos de las tensiones entre “la burocracia” y “la Tendencia”, nadie hubiera imaginado a camioneros y municipales compartiendo amistosamente espacio público –sin que de eso necesariamente se puedan procesar significados trascendentes– con antiguos combativos, los que volvieron del exilio, Carta Abierta y mil fragmentos de sociedad representados en otras tantas organizaciones: el movimiento Octubres, la radio de las Madres y la del Bajo Flores, las columnas de la CTA, la Túpac Amaru, Peronismo Militante, la Federación de Tierra y Vivienda, la Cositmecos. Todo ese paisaje inmenso es reducido en Telenoche a la expresión “activismo kirchnerista”. Con la astucia que les conocemos, a la hora de buscar una voz que hable por ese conjunto, Canal 13 elige a Luis D’Elía, La Gran Bestia Nack & Pop, según guiñó el domingo pasado el suple Ni a Palos. Hace 26 años no había piqueteros.
Pasa otro grupo con redoblantes que entona un cantito: “O estás con el pueblo o estás con Clarín”. La consigna hace a ciertas disfuncionalidades en la batalla estratégica por comunicar mejor el proyecto de ley de servicios audiovisuales. Esta pelea de un cuarto de siglo es mucho más, inmensamente más que una “guerra con Clarín”, de la que se agarran unos cuantos para recelar, sospechar, excusarse, esquivar el bulto, confundir –por imbecilidad, miedo, hipocresía, oportunismo– periodismo con holdings.
Me encuentro con un compañero valioso que edita la revista Zoom. Está pegando un cartel, envolviéndolo en una columna de alumbrado.
–Boludo –dice–, hasta las cuatro y media de la mañana estuvimos pegando carteles. Pero venían los camiones de Clarín y nos pegaban arriba unos papeles blancos. A nosotros, boludo, que al lado de ellos somos el cuatro de copas. Está toda la ciudad empapelada con esos carteles en blanco.
Pasan los del Sindicato Único de Publicidad y los del Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo. Pasan foetras, sutebas y upeceenes del Comfer. Pasa una morocha que está muy buena con una camiseta blanca que se abulta allí donde, otra vez sopa, asoma el lema “Ké te pasa Clarín”.
Es una plaza extraña, de jueves a la mañana, con la ciudad cumpliendo sus rutinas y unos cuantos miles amuchados que se vinieron a la que te criaste. Curioso: en el imaginario de las derechas “kirchnerismo” es sinónimo de imposición y de aparato. Pero la gran mayoría de los que se vinieron más bien parecen parte de esa literatura romántica del 2001, 2002, cuando importamos la expresión “acontecimiento”, tan fugaz como las visitas a la Toni Negri. El discurso de Cristina Kirchner apenas si se oye en un margen de la plaza, desde los altavoces improvisados sobre una combi del Sat, perdón, del Satsaid.
Es cierto, cuando termina el discurso los miles de autoconvocados mal, a la que te criaste, rodean las vallas para avanzar y apretarse más, directamente en frente de la Casa de Gobierno. Entonces sí, se ven mejor las columnas nutridas de los camioneros. Ahora, como en los ’70, se preocuparon por ocupar el centro, ante la entrada de la Rosada. Queda desplegada una pancarta inmensa de la Rama de Residuos Industriales y Patogénicos. A la izquierda de la pancarta, un Perón joven de los ’40. A la derecha una Evita inmortal. En el centro mismo de la pancarta, Hugo Moyano en colores peronistas saluda multitudes.
Plaza improvisada, raro producto de genealogías largas y reciclados de ciclos cortos. Plaza de causas nobles y proyecciones arduas de precisar. Típica plaza de los avances, potencialidades y límites K. Plaza del arrebato y no de la estrategia. Plaza en la buena dirección, con poca construcción, con comunicación deficiente.
Va de nuevo: en el imaginario de las derechas “kirchnerismo” es sinónimo de perversión y cálculo. Esta plaza tiene algo de ingenua. Es una plaza sin disputas ni hegemonías internas. Ayuna no sólo de estrategia sino de conducción. Puede tomarse como escenario posible de 26 años de lucha por una democracia mejor o como metáfora de la anemia derivada de 26 años de una democracia más deletérea que constructora. Puede tomarse como una plaza “social” y oenegera: la de los 21 puntos de la Coalición por una Radiodifusión Democrática.
25, 26 años pataleando por una democracia enriquecida, nutrida, fortalecida en la pluralidad y la diversidad de voces estructuralmente silenciadas. Se trata de zafar del peso de esa lápida ominosa que venimos llamando, desde hace demasiado tiempo, “democracia de audiencias”, “sociedad del espectáculo”, “democracia electrónica”, “era de la imagen”. Pero también tiranía de la comunicación, dictadura mediática. ¿Comunicación? La plaza misma es un hecho comunicacional: los que nos encontramos acá no nos vemos nunca en las pantallas. No nos encontramos, no charlamos tomando un café en los estudios del “periodismo independiente”.
Esta plaza tiene sus límites, sí. Pero después sucede lo de siempre, lo conocido, en las pantallas de todo el país. La respuesta brutal de los medios. La miserabilidad y la ceguera de buena parte de la oposición. Qué suerte que tienen que tienen a Chávez. Porque si no dijeran “Chávez” deberían decir qué, “Fidel”, “Cuba”, y quedarían antiguos, ridículos y pagando. “Peligro rojo” deberían decir. Que es lo que decía precisamente el diario La Prensa 26 años atrás: “Dialéctica del Kremlin”, para referirse a las simpatías de funcionarios alfonsinistas en el debate por el Nuevo Orden de la Información y la Comunicación.
26 años después, la misma batalla.
Eduardo Blaustein

No hay comentarios:
Publicar un comentario