domingo, 30 de agosto de 2009

EVOCACIONES. HACIA UN NUEVO ORDEN EN LA DISTRIBUCION DE LA PALABRA. PROYECTO DE LEY DE MEDIOS DE COMUNICACION AUDIOVISUAL. SUMEMOS VOLUNTADES !!


La plaza de los 26 años después

Jueves, de mañana. Es una movilización extraña. Hace un cuarto de siglo, cuando en la Playa de Mayo volvíamos a discutir la construcción de una democracia en serio, Buenos Aires no era destino turístico. Ni tango friendly ni gay friendly. Hoy, jueves a la mañana, las combis y micros de las agencias pasan rozando a los grupos que hacen sonar sus redoblantes. Hace un cuarto de siglo Mauricio Macri comenzaba a hacer carrera en las empresas de su padre. Hoy rompe con los carteles amarillos el pavimento de la calle Reconquista para peatonizarla, un poco como propuso Telerman. Hace un cuarto de siglo el Sindicato Argentino de Televisión se llamaba Sat. Hoy se llama Sat-Said, Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales Interactivos y de Datos. Hay que ver el quilombo que meten los redoblantes de esos compañeros; un quilombo altamente metafórico: ellos hacen, son la televisión. Pero no los vemos nunca, no los escuchamos nunca, no salen por la tele.

Hace 26 años no sólo que no existían Internet, Macri y la Buenos Aires turística. La comunicación masiva no terminaba de constituirse en problema civilizatorio, no tenía la centralidad que tiene hoy, proporcional y enancada en la debilidad institucional, política y cultural de nuestras sociedades. Hace 26 años que decimos, que pretendemos hacer que apostamos a robustecer la democracia. A la hora de ayudar a hacerlo democratizando la comunicación, la oposición y unos cuantos periodistas de tiro corto se esconden en el sambenito temeroso: “No es el momento”.

Hace 25, 26 años, todavía sangrando los recuerdos de las tensiones entre “la burocracia” y “la Tendencia”, nadie hubiera imaginado a camioneros y municipales compartiendo amistosamente espacio público –sin que de eso necesariamente se puedan procesar significados trascendentes– con antiguos combativos, los que volvieron del exilio, Carta Abierta y mil fragmentos de sociedad representados en otras tantas organizaciones: el movimiento Octubres, la radio de las Madres y la del Bajo Flores, las columnas de la CTA, la Túpac Amaru, Peronismo Militante, la Federación de Tierra y Vivienda, la Cositmecos. Todo ese paisaje inmenso es reducido en Telenoche a la expresión “activismo kirchnerista”. Con la astucia que les conocemos, a la hora de buscar una voz que hable por ese conjunto, Canal 13 elige a Luis D’Elía, La Gran Bestia Nack & Pop, según guiñó el domingo pasado el suple Ni a Palos. Hace 26 años no había piqueteros.

Pasa otro grupo con redoblantes que entona un cantito: “O estás con el pueblo o estás con Clarín”. La consigna hace a ciertas disfuncionalidades en la batalla estratégica por comunicar mejor el proyecto de ley de servicios audiovisuales. Esta pelea de un cuarto de siglo es mucho más, inmensamente más que una “guerra con Clarín”, de la que se agarran unos cuantos para recelar, sospechar, excusarse, esquivar el bulto, confundir –por imbecilidad, miedo, hipocresía, oportunismo– periodismo con holdings.

Me encuentro con un compañero valioso que edita la revista Zoom. Está pegando un cartel, envolviéndolo en una columna de alumbrado.

–Boludo –dice–, hasta las cuatro y media de la mañana estuvimos pegando carteles. Pero venían los camiones de Clarín y nos pegaban arriba unos papeles blancos. A nosotros, boludo, que al lado de ellos somos el cuatro de copas. Está toda la ciudad empapelada con esos carteles en blanco.

Pasan los del Sindicato Único de Publicidad y los del Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo. Pasan foetras, sutebas y upeceenes del Comfer. Pasa una morocha que está muy buena con una camiseta blanca que se abulta allí donde, otra vez sopa, asoma el lema “Ké te pasa Clarín”.

Es una plaza extraña, de jueves a la mañana, con la ciudad cumpliendo sus rutinas y unos cuantos miles amuchados que se vinieron a la que te criaste. Curioso: en el imaginario de las derechas “kirchnerismo” es sinónimo de imposición y de aparato. Pero la gran mayoría de los que se vinieron más bien parecen parte de esa literatura romántica del 2001, 2002, cuando importamos la expresión “acontecimiento”, tan fugaz como las visitas a la Toni Negri. El discurso de Cristina Kirchner apenas si se oye en un margen de la plaza, desde los altavoces improvisados sobre una combi del Sat, perdón, del Satsaid.

Es cierto, cuando termina el discurso los miles de autoconvocados mal, a la que te criaste, rodean las vallas para avanzar y apretarse más, directamente en frente de la Casa de Gobierno. Entonces sí, se ven mejor las columnas nutridas de los camioneros. Ahora, como en los ’70, se preocuparon por ocupar el centro, ante la entrada de la Rosada. Queda desplegada una pancarta inmensa de la Rama de Residuos Industriales y Patogénicos. A la izquierda de la pancarta, un Perón joven de los ’40. A la derecha una Evita inmortal. En el centro mismo de la pancarta, Hugo Moyano en colores peronistas saluda multitudes.

Plaza improvisada, raro producto de genealogías largas y reciclados de ciclos cortos. Plaza de causas nobles y proyecciones arduas de precisar. Típica plaza de los avances, potencialidades y límites K. Plaza del arrebato y no de la estrategia. Plaza en la buena dirección, con poca construcción, con comunicación deficiente.

Va de nuevo: en el imaginario de las derechas “kirchnerismo” es sinónimo de perversión y cálculo. Esta plaza tiene algo de ingenua. Es una plaza sin disputas ni hegemonías internas. Ayuna no sólo de estrategia sino de conducción. Puede tomarse como escenario posible de 26 años de lucha por una democracia mejor o como metáfora de la anemia derivada de 26 años de una democracia más deletérea que constructora. Puede tomarse como una plaza “social” y oenegera: la de los 21 puntos de la Coalición por una Radiodifusión Democrática.

25, 26 años pataleando por una democracia enriquecida, nutrida, fortalecida en la pluralidad y la diversidad de voces estructuralmente silenciadas. Se trata de zafar del peso de esa lápida ominosa que venimos llamando, desde hace demasiado tiempo, “democracia de audiencias”, “sociedad del espectáculo”, “democracia electrónica”, “era de la imagen”. Pero también tiranía de la comunicación, dictadura mediática. ¿Comunicación? La plaza misma es un hecho comunicacional: los que nos encontramos acá no nos vemos nunca en las pantallas. No nos encontramos, no charlamos tomando un café en los estudios del “periodismo independiente”.

Esta plaza tiene sus límites, sí. Pero después sucede lo de siempre, lo conocido, en las pantallas de todo el país. La respuesta brutal de los medios. La miserabilidad y la ceguera de buena parte de la oposición. Qué suerte que tienen que tienen a Chávez. Porque si no dijeran “Chávez” deberían decir qué, “Fidel”, “Cuba”, y quedarían antiguos, ridículos y pagando. “Peligro rojo” deberían decir. Que es lo que decía precisamente el diario La Prensa 26 años atrás: “Dialéctica del Kremlin”, para referirse a las simpatías de funcionarios alfonsinistas en el debate por el Nuevo Orden de la Información y la Comunicación.

26 años después, la misma batalla.
Eduardo Blaustein

sábado, 29 de agosto de 2009

UN GENIO DEL HUMOR ARGENTINO Y SU MIRADA ... NO DEJA NADA EN EL TINTERO





27-08-2009 /
Encarna el humor subversivo que enfrenta a la corporación mediática. Sagaz crítico de la realidad, se burla de los popes del rock y de la pompa setentista. Se declara más cerca del oficialismo que de la oposición. El fútbol, la nueva Ley de Medios y la marihuana, en la óptica de un hombre que no se deja ganar por el discurso del miedo.
Por Diego Rojas

Ahí estaba él, sentadito con su pulóver de lana en medio del salón Libertador del Sheraton Hotel durante la noche de entrega de los premios Martín Fierro. Las estrellas televisivas desfilaban sobre la alfombra roja, en plena exhibición de los atuendos creados por los diseñadores de moda y en brindis festivo y ostensible. Él, ahí: sentado con su pulovercito hippie. Hasta que anunciaron el premio al mejor programa cómico y Diego Capusotto se levantó de la mesa junto a Pedro Saborido, subió al podio, levantó la estatuilla y propuso: “Que disfruten del sueño”. Acababa de recibir un reconocimiento más a su trabajo, el mismo que lo convierte, según las palabras de Horacio González, sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, en el principal crítico cultural de nuestra época. No se había sacado el pulovercito.

Capusotto, el humorista más potente de los últimos tiempos, es un fenómeno de masas incorporado definitivamente al imaginario social argentino. Sus creaciones se difunden no sólo a través de la televisión (donde a partir del lunes presenta en Canal 7 una nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos) o la radio (donde continúa su programa Lucy en el cielo con Capusottos, en la Rock & Pop), sino que se replican en la Web, mediante las filmaciones que se cuelgan en YouTube y que luego se reenvían por e-mail al infinito. Pese a cierto prejuicio que sólo atribuye masividad al humor liviano, sus personajes, que se burlan de los popes del rock y de la pompa setentista, también interpelan a la realidad política con una sagacidad que ya quisieran los más renombrados analistas.

El segmento radial “Hasta cuándo” es la más brutal denuncia del accionar de los medios en la generación de un estado de paranoia, una parodia de la cadena nacional de malas noticias –a la vez que señala cómo una parte de la población se suma entusiasta a esta visión catastrófica de las cosas–. Una estrategia que usa la corporación mediática y que sólo beneficia a la derecha, que suma así adeptos a sus argumentos. La recién presentada Ley de Medios apunta a desmontar esa percepción monolítica de la realidad y quizá permita una apertura de discursos. Eso entusiasma a Capusotto que, dice, está más cerca del oficialismo que de la oposición.

Su prepotencia de trabajo, sumada a un talento desmesurado, redundan en un reconocimiento social que se mide con la vara más exacta: los dichos de sus personajes se transforman en latiguillos usados en el habla cotidiana. Esa es la más maravillosa música a la que un artista popular puede aspirar.

El actor elige un típico café de su barrio para la entrevista con Veintitrés. El bar El Progreso, con sus mesas de madera antigua y con sus parroquianos que forman la postal arquetípica de la porteñidad, es el escenario del encuentro. Al que Capusotto asiste abrigado con un pulovercito similar al que usó la noche de los Martín Fierro.

–¿Vivís hace mucho en Barracas?

–Hace trece años ya. Mis hijas son de Barracas. Yo soy más de zona oeste. Viví en Luro desde los seis años, antes vivía en Castelar, del que tengo un recuerdo muy vago: las calles de tierra, mi casa. En Luro viví de chico, de adolescente y de adulto.

–¿El barrio marca tus elecciones estéticas o ideológicas?

–No. Hay gente de mi generación con una conexión fuerte con el barrio. Para mí, no es una elección a la hora de actuar. En el barrio hay gente garca, que hace negocios, que quiere salvarse y cuya vida gira en torno a la acumulación material. Circulan cosas interesantes y cosas de mierda. Existe una especie de religión que se basa en moverse como pez en el agua en lugares de mierda mientras los demás se ahogan. El barrio es un lugar donde te conectás con gente que tiene su vida y su mundo y, si no te construís a vos mismo, cagaste. Porque el barrio también es un pelotudo que te aconseja cómo cagar a los demás. No es un lugar habitado por seres nobles y duendes que te dicen que vivas como quieras y andes con la ligereza poética de un ave y te conviertas cada tanto en un puma porque estás rodeado de hijos de puta. Te lo pueden decir dos o tres, los que finalmente elegís como amigos.

–Sos un fenómeno que excede lo televisivo, ¿cómo convivís con esa figura?

–Dejo que se apropien de esto que ven. Nunca me consideré un fenómeno: sólo hago las cosas que me salen. Pedro Saborido me manda unas cosas que escribió a las tres de la mañana, las leo, me cago de risa y, finalmente, las ponemos en acción. Eso del fenómeno es una frase que me viene, no es algo que yo exhale. Mucha gente comparte lo que hacemos y son aliados de una idea que no pasa sólo por reírse.

–La masividad e influencia de tu propuesta, ¿implican una responsabilidad?

–La responsabilidad es ser fiel a lo que estoy accionando, nada más que eso. Podés hacer reír a alguien y, siempre que te hacen reír, sos feliz. Esa es una responsabilidad. La otra es que tenemos un modelo de conducta que puede ser observado con cierto respeto. Estar en un medio masivo te puede colocar en una carrera de superación. Sin embargo, este momento es nuestra superación. No quiero llegar a ningún lugar en la televisión, es más, quiero mantener este lugar de autogestión, donde no hay disputa de poderes y donde no se necesita que las ideas sean transformadas para tener más rating. No cambio este lugar y menos con 48 años.

–¿Te ofrecieron ir a otro canal?

–Desde ya. Para la óptica de la televisión, este es un programa vendible, que puede estar en un canal y un horario de mayor difusión. Pero no me interesa, no es nuestra ambición. Este año queremos hacer ocho programas, nuestra cantidad ideal. Estar en un lugar donde nos lo permiten es un privilegio.

–Tus programas excedieron el marco de la televisión. Peter Capusotto explota en YouTube, lo mismo el programa de radio.

–Sí. No sólo eso, Internet te permite llegar a otros países. El otro día me hicieron una nota de un medio de Chile, porque miran el programa por Internet. Su alcance tiene muchos caminos. Nunca tuvimos una preocupación por el rating, porque sabemos que el ciclo tiene mucha circulación y aceptación. No tenemos nada más que hacer, salvo seguir celebrando los encuentros para que este programa siga funcionando.

–Tu humor sorprende por su precisión en los tiempos políticos. Pasó con Bombita y con “Hasta cuándo”. Se podría aventurar que Capusotto y Barcelona son los medios que mejor expresan la realidad política.

–El humor siempre tiene una conexión con los signos de la realidad. Muchos tienen que ver con los comunicadores que hacen la puesta en escena de un mundo real. Metrallean mucho, pero no profundizan los fenómenos. Mirá, lo reafirmé hoy cuando miraba el canal de videos Quiero música en mi idioma. El videograph pasaba noticias policiales, un asesinato en Barracas. Si eso no es reflejo de una ficción construida para que todo el tiempo tengamos la idea de la muerte y la inseguridad en nuestra piel, bueno, a las pruebas me remito.

–¿Cómo actúa el humor frente a eso?

–La tomamos y la destrozamos mediante la parodia. La burla es infranqueable: las cosas de las que te burlás no te pueden contaminar porque hay una lectura previa a destrozarlas, un sustento ideológico. Es como decir: “A mí no me contaminás, no me la vendés”. Otras cosas rozan otros mundos, totalmente desopilantes, que no tienen conexión con los signos de la realidad. En algunos personajes, la realidad se hace más presente, como en ese monstruo, Micky Vainilla, disfrazado de cantante pop y que es, en realidad, un virus que se mete en ciertos lugares para empezar desde allí su plan de exterminio.

–Decís que la parodia puede destruir una concepción ideológica. Bombita es irónico, pero no intenta destrozar a los setentistas.

–Es una mirada sobre algo que tuvo su densidad, su construcción política. Un Palito Ortega montonero está compuesto por dos imágenes antagónicas que nos causaban gracia. Nunca pensamos en la derrota del discurso setentista, vulgarizado en las letras de Palito. Todo lo contrario. Rescatamos esa construcción que terminó en una gran derrota general, el imaginario que representó el retorno de Perón y en lo que devino. Había una gran masa crítica, gente muy valorable y gente de mierda. Y ganaron los malos. Por eso algunos que fueron militantes ven en Bombita una reivindicación personal, porque es un tipo que militó, aunque nosotros no lo hicimos.

–Ese momento político también te marcó.

–Nos rozó porque tuvimos hermanos mayores que militaban. Esa época nos atravesó, aunque en el ’73 yo tenía doce años y Pedro era más chico. Era el momento en que se pensaba que la película podía terminar bien. Perón excedía la simbología del líder político, representaba el regreso de algo vinculado a los sectores populares, a la idea de poder tener una identidad. Se venía de una dictadura, del Mayo Francés, había algo que estaba pugnando por tener presencia.

–¿Siempre te sentiste peronista?

–Sí, el peronismo es casi una expresión emotiva. Te hacés peronista por lo que está enfrente, que tiene una raíz antiperonista. No son nihilistas: a un nihilista yo lo respeto. Pero a lo que está enfrente, nunca lo he respetado. Eso te va empujando. Porque el peronismo es el peronismo y es la idea del peronismo. Es algo que tal vez no fue posible, pero que sobrevoló como posibilidad. En el otro lado, nada, la restauración conservadora, esa cosa espantosa.

–El gobierno rescató símbolos de los ‘70.

–Sí. Y, en un punto y salvando las distancias, se vuelve a repetir la historia. El movimiento peronista excede el kirchnerismo. Uno se pone en sectores antagónicos a la oposición. No hace falta ser muy perspicaz para saber quiénes realizan la construcción contraria al Gobierno para tomar el poder. Son los que permiten que el vicepresidente de la Nación trabaje para la oposición. Y eso que está todo bien con que Cobos sea vicepresidente y tenga posiciones, algo que desde ya nadie de la oposición podría soportar. También es cierto que en toda construcción hay errores, pero en este caso puntual hay ciertos errores que se podrían haber evitado. En lo comunicacional, por ejemplo. Pero, por otro lado, los errores del Gobierno no llevan a que se construya una oposición. Estuvo agazapada desde el primer día esperando el momento de atacar. La sensación, y lo digo con cierto pesimismo y dolor, es que serán los nuevos enemigos de la sociedad. No sólo han tenido injerencia, sino que han sido parte del poder en la Argentina.

–Hay humoristas que difunden las imágenes que plantea la oposición: una Cristina exasperante, preocupada sólo por la ropa, un gobierno casi dictatorial. Se ve en el humor gráfico de Nik en La Nación o en Perfil.

–Que cada uno haga lo que quiera. Nik está en La Nación, qué va a escribir Nik. Estas construcciones generan eco entre la gente y, por otro lado, caen en lo pueril, como cuando dicen que terminaremos como Cuba o Venezuela. Marcan a ese tipo que balbucea cuando habla sobre la inseguridad y le decís: “Imaginate, en Estados Unidos voltearon dos torres y no sé si fueron ellos mismos y mataron a tres mil personas, ¿de qué seguridad me hablás?”. O: “¿Qué seguridad, si mi generación se crió con la dictadura, con Malvinas, con la hiperinflación, con el menemato, con la Alianza, los 35 muertos en la calle y el corralito?”. Nunca hubo seguridad jurídica en nuestro país. Construyen con el lenguaje la sensación de que nunca estuvimos peor que hoy. Es la exasperación de lo más berreta. Es Biolcati hablando de un piquete de blancos con Grondona.

–En la Rural apeló a la Patria 50 veces.

–Un discurso que podría haber sido realizado dos meses antes del ’76. No porque vaya a suceder, sino porque hay una sociedad que empezó a creer que ese discurso es posible. En 2005 a la gente le chupaba un huevo escuchar que Kirchner era soberbio con el periodismo. Entonces se sacralizan signos: el campo es lo bueno y el Gobierno es lo malo. Y para mí los malos son los que más putean contra el Gobierno.

–¿Y Pino Solanas?

–Pino no sé. Lo vi también bastante exacerbado contra el Gobierno y me pareció un poco funcional a ese discurso. El sector donde están Pino o Sabbatella es crítico del kirchnerismo, pero no está montado en la gran jineteada nacional. A Pino lo vi en charlas amenas con Grondona que me provocaron un poco de rechazo. Es un momento emocional. Soy más afín a lugares que están vinculados al oficialismo que a los que no.

–¿Qué pensás de la izquierda?

–Y... si te hacés trosko para sacarte la foto con Biolcati, no te hagás trosko. Vilma Ripoll puso la excusa de que no podían dejarle la calle a la derecha, pero eso devino en la foto con ese tipo. Y no sólo ella, también estuvieron los maoístas, que siempre fueron traidores, desde que apoyaron a López Rega en el gobierno de Isabelita.

–Hubo una izquierda que no apoyó al campo.

–Sí. Son los que acumulan desde la universidad y después no quieren disputar el poder real. Si no querés el poder, hacete nihilista.

–¿Qué pensás acerca de la ruptura del acuerdo entre TyC y la AFA?

–Está muy bien que el fútbol pueda ser visto por todos. Después la oposición plantea otras discusiones: “Ah, ponen plata para el fútbol y no para el hambre”. Y lógico. La plata tiene que ser para la gente que lo necesita. Pero los que declaman eso nunca hicieron políticas abarcativas, no jodamos. Ya la presencia en el fútbol está limitada si sos visitante o si no sos socio. Es accesible sólo si podés pagar. Eso que era compartido desde el más humilde hasta el dueño de una fábrica hoy está reservado al dueño de la fábrica. Si no pagás para mirar fútbol, mejor. Pero claro, detrás están los intereses de ese submundo. Como idea proyectiva me parece maravillosa aunque no sé en qué terminará. En definitiva, que mirar fútbol sea gratis, no está mal en absoluto.

–La medida desató una dura ofensiva contra el Gobierno por parte del Grupo Clarín.

–Desde ya. Esto comenzó hace dos años y no va a parar. Hacen parecer que la confrontación viene de un solo lado y que, del otro, está Biolcati con su vaquita mansa, Biolcati hablando de San Martín y Belgrano. ¡Lo hubiesen sacado a patadas en el culo a San Martín de la Rural!

–Se está presentando la Ley de Medios en el Congreso, ¿qué opinás?

–Es necesaria. Tal vez hubiera sido mejor que se presentara en un momento de menos confrontación. Los sectores de poder plantean un discurso único siempre. Por eso Clarín, que forma parte de ese poder y es un monopolio, se siente atacado. El presidente de TyC dijo que la mejor democracia es que haya que pagar para ver fútbol, eso es capitalismo puro.

–¿Creés que hay un fusilamiento mediático, como denunció Cristina?

–Hay decisiones que perjudican a ciertos intereses. En una confrontación, las partes siempre apuntan a señalarse como víctimas y la población queda rehén en la disputa sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si la Presidenta dice eso es porque está en un conflicto de poder que la roza. Es claro que hay una política de desgaste, verbalizada por la oposición, para que el poder pase de bando. En ese marco, me preocupa mucho más lo que dice Biolcati.

–¿Hay un cambio en el Gobierno desde la derrota electoral?

–Recuperó la iniciativa. Pero lo principal es que la oposición no asume la construcción de un poder proyectivo. Sólo dice que todo está mal. El Gobierno muestra más solidez y potencia mediante acciones concretas como la Ley de Medios o el fútbol. La oposición retrocede pero, ojo, se agazapa para atacar después. La política es conflicto, no es consenso. ¿La democracia el reino del consenso y el debate? ¡Vamos! Se trata de una lucha para ver cuánto cedemos y cuándo volveremos a atacar.

–¿Qué pensás sobre la despenalización del consumo de marihuana?

–Las decisiones que toma un adulto, entre ellas fumar marihuana, son absolutamente personales. Fumar no tiene ninguna vinculación con el delito ni con su demonización. Los sectores que se oponen tienen una visión de la vida macabra, una moralidad sobrecargada y casi estafadora. Plantean que se usan drogas para delinquir, pero ¿qué hacen los custodios de la moral para evitar el delito? Condenan pero no arreglan las dificultades

–Ciertos adolescentes toman al personaje de Micky Vainilla sin la distancia de la ironía y siguen sus dichos al pie de la letra.

–Ah, sí. Pero para eso están los padres que verán el programa con los chicos y les explicarán que Micky es una ironía, algo monstruoso y no reivindicativo del racismo. No me puedo hacer cargo de lo que puedan pensar respecto de un personaje. También Charles Manson mató a doscientas personas porque decía que Lennon le ordenaba matar. Lo que tiene el humor es que, a veces, deja al desnudo la propia miseria y es algo que no nos gusta ver.

–¿Qué ves con tus hijas en la tele?

–Ellas ven cosas ligadas a su mundo infantil. La mayor, que tiene 10 años, empieza a estar más conectada conmigo y a interesarse más en mi propio mundo. Debe estar en una etapa de enamoramiento del papá. La de seis años es totalmente dorada, construye sus castillos de princesa en los rincones de la casa. Tiene un mundo interior muy fuerte, pero todavía no llegó a la etapa en la que escucha muchas voces para formar su voz propia, la que elija y que yo acompañaré hasta el final. Ahora escuchamos música juntos, por ejemplo.

–¿Cómo vive tu familia tu exposición?

–Las nenas lo empiezan a sentir, pero estoy en casa bastante, tengo una presencia interesante en esta etapa. Mi vieja vive, mis dos hermanos murieron, tengo una familia no muy numerosa. Mi vieja está muy contenta, y más con el reconocimiento actual. A los 16 años, yo quería jugar al fútbol y mi viejo me respaldaba, pero también tenía que estudiar porque la posibilidad de jugar dos años y que te lleven a Europa era impensable. Más grande, empecé a estudiar teatro y a frecuentar los lugares que elegí.

–Sos jurado en el Festival de Cine de Diversidad Sexual.

–Lo hago para hacerle la gamba a mi amigo Fabio Zurita, que lo organiza. Tengo interés, claro, en los encuentros sexuales que, en algunos casos, pueden ser muy celebratorios, y en otros, una forma más de la mentira. El sexo está entre las diez cosas más felices de la vida. De todos modos, quiero desmitificar que los hombres la chupan mejor que las mujeres. O al menos, yo prefiero que me la chupe Cameron Díaz a Elton John. La técnica masculina en el sexo oral no es algo que me preocupe. Lo he probado y es pura mitología. Y desde ya no se puede comparar a Cameron Díaz con Elton John y ni siquiera con George Michael.

domingo, 23 de agosto de 2009

FUTBOL GRATIS PARA TODOS. VAMOS AVANZANDO FIRMES A LA NUEVA LEY DE MEDIOS AUDIOVISUALES PARA LA DEMOCRATIZACION Y REDISTRIBUCION DE LA PALABRA!!!

Informe especial

Soriano y Fontanarrosa estuvieron en Ezeiza

23-08-2009 / Hay una expectativa incomparable sobre los partidos de fútbol que se están jugando este fin de semana. Mejor dicho, hay un antecedente de esa combinación de ansiedad y felicidad: fue un partido que se jugó en la pequeña localidad de Barda del Medio y ocurrió en 1958. Quien lo relató fue el genial Osvaldo Soriano.

En el cielo, el cuervo Soriano y el canalla Fontanarrosa se mueren de ganas de volver y ver cómo el fútbol es para todos
Por Eduardo anguita
eanguita@miradasalsur.com

El Gordo mezcló su picardía futbolera con esas mentiras que a todos nos gusta escuchar y las retrató en El penal más largo del mundo, un cuento tan desopilante como costumbrista. Basta que el partido haya ocurrido en la imaginación de Soriano para que sea cierto.

La cosa fue que, por peleas en la cancha, a 20 segundos de la pitada final, y cuando había que ejecutar un penal, el encuentro fue suspendido por una semana. En esa semana, en Barda del Medio, nada hubo más importante que si el Gato Díaz iba a ser capaz de atajarle el penal al shoteador Constante Gauna.

Los apasionados del fútbol, el jueves a la tarde, se perdieron la oportunidad de que el Gordo relatara lo ocurrido en el campo de la AFA en el que Grondona dijo que se trataba de una fecha histórica y la Presidenta afirmó que ya nadie va a secuestrar los goles porque en la Argentina estamos hartos de secuestros.

Fue demasiado fuerte. Porque no sólo un emporio se enriqueció mostrando las caras de chicas que iban maquilladas a la platea, quizá con la esperanza de salir en la tele y no tanto por ver un buen partido. Fueron años de imágenes patéticas. Que hablan de nosotros. Las que nos devuelve el espejo.

¿Quién no escuchó o fue protagonista de ese argentino tarado, que ni sabe contratar el partido codificado y deja en su casa a la barra de amigos mirando caras y tribunas? ¿Quién no quedó alguna vez, frente a este monopolio absurdo, en un bar lleno, mirando el partido parado y, encima, con el de atrás que te quería matar cada vez que movías la cabeza?

El jueves se selló definitivamente el fin de un negocio a expensas de todos. Que nos tuvo de rehenes, no tanto de la pasión sino de la estupidez. Ya no seremos cautivos de los dueños de los goles. Y lo que viene –lo dijo bien Grondona– es por ahora un desafío. Exagerando, se cayó un muro y hay por delante un campo fértil. Pero, como en Good Bye Lenin, por más que ya no estén las barreras y las estatuas, nos queda la rigidez de las ideas y los hábitos.

La dependencia de la televisión por cable es tal que en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano no debe haber quedado un solo negocio donde vendan antenas. Sí, antenas. Alguien debe recordar esos aparatos que antes se compraban junto con el televisor para poder recibir la imagen sin pagar un solo peso.

La costumbre de sintonizar la antena se cambió por la de pagar entre 100 y 300 pesos por mes a una empresa que nos da más. Claro. Más canales, pero también más publicidad. Más opciones, pero muchas de ellas codificadas, para que paguemos precios siderales.

Alguien tiene que decirlo. El del jueves es un paso tan histórico como inmensos fueron la estupidez y el conformismo. ¿Pasión? No nos digan que cualquier cosa se justificaba por la pasión ¿A quién le convenía que se llamara pasión a ver los goles los domingos esperándolos como el penal de Barda del Medio?

A muchos dirigentes del deporte, empresarios televisivos y políticos quizá les importaba un pito y preferían decir que el monopolio de Clarín-TyC-TSC era un gigante imposible de enfrentar. Que eso era lo mismo que pretender entrar a un restorán de Puerto Madero y comer sin pagar. O que decirle un buen día al FMI no va más. O decirles a las Afjp que con la plata de los viejos no se timbea. Y al genocida Jorge Riveros, que por tirar al río a Floreal Avellaneda cuando tenía 14 años, le iba a costar estar preso en una cárcel común.

Pues bien. Se pudo. Y no sólo con el Fondo, las pensiones privadas y algunos cuantos genocidas. Se pudo con el chamuyo de que el fútbol era de Torneos sin competencias. Y, desde hoy, la televisión pública no sólo gana un Martín Fierro de oro por un programa de científicos, sino que también puede dar gratis el fútbol de primera. Y el programa que secuestraba los goles, desde ahora, será uno de polémicas de dinosaurios. Porque, Macaya, con las imágenes no se juega nunca más.

El jueves, el Gordo Soriano hubiera sido un excepcional relator del anuncio del fútbol para todos. Porque sus cuentos, inverosímiles, fruto de la pura imaginería, son lo más parecido a lo que pasó en el predio de Ezeiza. O, quizá, Soriano tendría que reemplazar por unos días al exultante vocero de la AFA, Ernesto Cherquis Bialo, que trabaja a destajo, con seriedad sacramental y doble ración de gomina.

El Gordo nos haría tirar al piso de risa. Lograría, incluso, que algunos empresarios se pellizcaran y se convencieran de que esto es sólo un sueño, un mal sueño del matrimonio autoritario y el carcamán que maneja el fútbol. Y que pronto los millones volverán a esas pocas manos. Los dejaría tranquilos. Ellos son unos genios y que, apenas, les robamos la pelota por unos días. Que no se preocupen, porque pronto vuelve a sus dueños.

En fin, es que cuando pasan cosas así, es imposible no emocionarse y sentir cuánto lo hubiera disfrutado un tipo genial como el Gordo Soriano. Ni qué decir si se juntara con el Negro Fontanarrosa.

¿O el Negro no podría contarnos esta noche misma por Canal 7, en el entretiempo, cómo fue el gol de palomita de Aldo Poy? Y también podría recrear la historia del Viejo Casale, ese hincha de Central surgido de su frondosa imaginación que fue llevado a la final de Newell’s y Central. A Casale lo metieron en el Monumental engañado, porque el Canalla nunca había perdido un clásico ante sus ojos. Y, gracias a Casale, Poy metió el gol.

No jodamos –supo decir con toda autoridad el Negro Fontanarrosa– esa palomita es lo más importante que pasó desde la llegada del hombre a la Luna. ¿Negro, con todo respeto, quisiéramos saber si el fútbol gratis no está por encima de la palomita?

Ojalá, con la alegría, vuelvan la magia del Gordo y la chispa del Negro. ¿A nadie se le habrá ocurrido que en cambio de torneos Cablevisión o Multicanal ahora podrían llamarse campeonatos Soriano y Fontanarrosa? Tal vez en estos días, junto con la igualdad se nos aparezca el talento de esos dos grandes, cuyas estrellas brillaron en Ezeiza. Se los juro. Muchos los vieron brillar en el firmamento mientras se cantaba el himno.
w.elargentino.com/nota-54872-Soriano-y-Fontanarrosa-estuvieron-en-Ezeiza.html

domingo, 16 de agosto de 2009

la pobreza.. mirá quien habla!!


Agencia Latina de Información Alternativa
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* Gracias por avisarme que hay pobres *
envío de Ignacio Copani



La pobreza en la Argentina, fue instalada por Néstor Kirchner y Cristina Fernández??
Por Moreno???
Por Aníbal???
Por Alicia???
Por algún otro demonio setentista???
Por el fantasma de Evita???
Por D'elía???
Por los sindicatos???
Por la A.F.A.???
Por Mí???
Entiendo perfectamente que tanto los partidos de oposición como el Partido Multimediático no reconozcan que al menos este gobierno redujo a la mitad la cantidad de pobres desde el día que inició su gestión.
Sería como pedir Margaritas a los Cerdos (y esto no es ninguna referencia al desencuentro Stolbizer - Carrió).
Entiendo también que los que verdaderamente acentuaron los índices y las lágrimas de la pobreza retocen alegres y sin culpas por los canales de televisión.
¿O alguien esperaba que Cavallo u otros que fueron ministros de la década infame menemista y de la alianza tóxico-residual pidieran perdón?
Entiendo también que los sementales del neoliberalismo iniciado con la dictadura militar, destructora de empleos y de vidas, no sólo miren hacia otro lado, sino que sumen a su discurso la preocupación por los pobres.
Incluso entiendo a las viudas del kirchnerismo, a quienes sostuvimos durante años sobre la alfombra roja y cuando hay que poner verdaderamente los mejores y más corajudos atributos sobre la mesa, han preferido escapar como roedores por el tirante oportunista que presupone nuevos tiempos para las viejas derechas.
Los entiendo a todos.
Entiendo que la iglesia se rasgue sus impolutas vestiduras mientras deja librados a su suerte a los propios curas que se embarran en las villas y asentamientos.
Entiendo que no reconozcan el fracaso absoluto de la beneficencia sin ir al fondo o la génesis de la desigualdad. Sin hacer ni siquiera la mínima referencia a las actitudes escandalosas de nuestra iglesia durante el festín oligarca que llevó a nuestra comunidad a ser lo que es hoy.
Cuando era chico, en el Padre Nuestro, se rezaba: ¨Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores¨.
Hoy se ha cambiado esa frase por: ¨Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden¨. Por lo tanto si ofendo a alguien con estas palabras, se que estoy perdonado y la iglesia, está eximida de afrontar sus milenarias deudas con los pobres de toda pobreza y de toda región.
Pero al único que no entiendo es al tipo común que se instala en el medio de la turba iracunda, difamadora, crispada, golpista, que aplaude los lugares comunes del linaje gorila que hoy ha encontrado en ¨la pobreza¨ (la que ayudó a generar y la que en verdad le importa un carajo) una muletilla más donde apoyar sus odios.
¿Tan hueco quedó su cerebro como para convertirse en caja de resonancia que únicamente puede reproducir el eco de lo que los grandes medios le gritan?
¿Tan vacío quedó su corazón como para no tener una mirada comprensiva hacia el esfuerzo que se hace día a día en el combate contra la pobreza?
¿Cree de verdad que todos los funcionarios que se desempeñan en salud, desarrollo social, educación, áreas de trabajo, comercio, producción, organizaciones populares, municipios, etc, se rascan todo el día y el único que se da cuenta de que hay pobres es el presidente de la Sociedad Rural?
¿Tan mansamente acepta que la línea de pobreza se trace de acuerdo al ingreso de una familia y no a otros factores?
Siendo así, alguien que gana $1.200 es pobre, pero si gana unos mangos más deja de ser pobre. Prefiero medir los términos de pobreza a través de las chances de inserción que tengan los ciudadanos, de la realización en el trabajo de los jefes de familia, de las posibilidades de estudio de sus hijos, del acceso a la cultura y al deporte de los mismos, de las condiciones de infraestructura, servicios, agua, energía, pavimento y otros ítems del mínimo confort que uno precisa para desarrollarse.
Nadie puede decir que el gobierno atente contra ese esquema que puede sacar de la pobreza a una persona.
Nadie puede acusar al gobierno de tapar cloacas, cerrar canillas, cortar cables y romper caminos (salvo al gobierno de la ciudad de Buenos Aires que sigue empeñado en asfaltar calles que ya estaban asfaltadas).
Todo lo contrario.
Quien camine el país verá la sensacional cantidad de obras en esa dirección que se vienen llevando a cabo y si lo camina bien, también se dará cuenta de la gran cantidad de obras que faltan todavía.
Desde el chicaneo de los canales de noticias se enciende la alarma al comprobar que hoy nacerán miles de pobres.
También nacerán miles de hembras, miles de machos, miles de morochos, miles de rubios, miles de porteños y miles de provincianos.
Si este es un país con pobres, es lógico (e injusto) que nazcan pobres, pero esos medios jamás dedican un minuto de hidalguía para reconocer el empeño que pone esta administración política para utilizar la mejor herramienta que imponen estos tiempos:
El Trabajo.
Trabajo. Unica y principal barrera que pueda frenar todos los dilemas sociales que nos angustian.
Trabajo, que dará más educación, más bienestar, más seguridad y ojalá... más trabajo. El sordo que no quiera oír (o sea, el peor) que no escuche nada del mundo que habitamos. Que se haga el oso cuando se entere que en Estados Unidos, en un año y medio, se han despedido más de 7 millones de trabajadores y que ya en 2009 se ha batido el record de quiebras de pequeñas empresas.
Que tampoco oiga de los millones de despidos en Brasil y en España (dije despedidos en un año, no desocupados, que son muchos millones más), pero que sepa que en Argentina eso no está pasando.
Que mientras los sindicatos del mundo espadean por mantener los empleos, aquí se discuten aumentos de salarios.
Y que sepa que mientras el gobierno se hace cargo de infinidad de espacios de empresas que dejarían a miles de argentinos en la calle, nuestros grupos del monopolio mediático (esos mismos que se escandalizan con la pobreza) no permiten en sus feudos que haya, por ejemplo, delegados gremiales.
Encima llenan sus redacciones con estudiantes pasantes contratados por 2 pesos, por 2 días.
Y no nos olvidemos tampoco de nuestros grupos de agronegocios (esos que se han autodenominado ¨la patria¨ y se dicen conmovidos por la pobreza) que mantienen a la mayoría de sus peones sin cobertura médica, ni seguro de trabajo, sin respeto de horarios, asignaciones especiales... en fin... en negro, bien negro.
Si gobernar es crear empleo, apuesto todo al gobierno para que siga gobernando.

Ni una ficha le pongo a quienes, con tal de limarlo día a día, hablan hoy de la pobreza , cuando por cierto, la única pobreza con la que tienen trato cotidiano, es la pobreza de su memoria, de sus ideas y de sus ideales.
Agosto 2009