miércoles, 29 de julio de 2009

comisión "Nicolás Casullo" de medios audiovisuales en carta abierta: Avanza la democratización: TV satelital gratis y sin codificar

comisión "Nicolás Casullo" de medios audiovisuales en carta abierta: Avanza la democratización: TV satelital gratis y sin codificar: "Publicado por Comisión de Medios Audiovisuales en Carta Abierta en"

AVANZA LA DEMOCRATIZACION: TV SATELITAL GRATIS Y SIN CODIFICAR




La presidenta Cristina Kirchner firmó el decreto 943/09, publicado ayer en el Boletín Oficial, que autoriza al Sistema Nacional de Medios Públicos (SNMP) a instalar y operar un sistema de televisión satelital en todo el país para difundir señales educativas, culturales e informativas.
La política de democratización de los medios avanza sin pausa. Este es un paso muy importante en esa dirección.
El decreto cita la Convención Americana de Derechos Humanos “Pacto de San José de Costa Rica” que establece en el apartado 1 del artículo 13 que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Que este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.
Además el decreto 943/09 hace mención que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, dependiente de la OEA emitió la “DECLARACION DE PRINCIPIOS SOBRE LIBERTAD DE EXPRESION” en la que, interpretando lo dispuesto por el artículo 13 del Pacto de San José de Costa Rica, señaló que todas las personas deben contar con igualdad de oportunidades para recibir, buscar e impartir información por cualquier medio de comunicación sin discriminación, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social.
También cita el punto 12 de la referida Declaración, donde se expresa que los monopolios u oligopolios en la propiedad y control de los medios de comunicación deben estar sujetos a leyes antimonopólicas por cuanto conspiran contra la democracia al restringir la pluralidad y diversidad que asegura el pleno ejercicio del derecho a la información de los ciudadanos.
El decreto 943/09 le indica al Sistema Nacional de Medios Públicos que inicie tareas "para instalar y operar un sistema de televisión satelital y sin codificar, con un paquete de señales educativas, culturales e informativas". La encargada de subir la señal será la empresa satelital nacional Arsat, que la distribuirá desde el telepuerto que posee en la localidad de Benavídez, en el norte del conurbano.
La norma fortalece el rol del estado para garantizar "que la comunidad acceda a espacios de difusión pluralistas, en los que los contenidos sean generados no para obtener el beneficio económico, sino para asegurar a la totalidad de la población el acceso a bienes culturales e informativos".
El acceso al sistema será a través de una antena y un decodificador que se venderá a los ciudadanos de menores recursos a un precio de 150 pesos (unos 39 dólares).Una vez adquirido ese dispositivo, el usuario tendrá acceso a “un paquete de diez señales, entre las que estarán Canal 7 y Canal Encuentro”, afirmó Gabriel Mariotto en declaraciones a radio Continental.
Se prevé que el paquete incluya contenidos deportivos, películas, producciones destinadas al público infantil, y transmisiones de otros Estados de América latina. “El Estado cumple un rol importante garantizando el acceso y la participación de la ciudadanía a señales que no se pueden retransimitir por aire, como es el caso de Canal Encuentro”, agregó Mariotto. Consultado respecto a los costos de implementación del proyecto, aseguró que “es una señal que mayormente no tiene grandes costos, es un ancho de banda satelital donde se suben diez señales y el ciudadano las va a recibir gratuitamente”.
Además hay puntos del territorio nacional adonde no llega Canal 7, y esto está motivado en que la ley de Radiodifusión, que data de la última dictadura militar, impedía que la señal estatal llegara a donde había una privada. El resto de las opciones están en paquetes por cable y en firmas satelitales privadas, cuyos costos son sólo accesibles a los sectores de holgados recursos económicos.
El decreto 943/09 es un paso importante en el camino abierto con la presentación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Por la presentación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
El momento es hoy.

LA MESA DE ENLACE NO PIERDE OPORTUNIDAD DE MANIFESTAR SU DESPRECIO POR LAS INSTITUCIONES DEMOCRATI CAS. LAS RESPUESTAS DE LA OPOSICION

jueves, 23 de julio de 2009

PSICOLOGIA: LA CONSTRUCCION DEL SUJETO POLITICO A PARTIR DE

PSICOLOGIA UN ANALISIS “REFERIDO A NOSOTROS MISMOS, ARGENTINOS”

Sujetos poscapitalistas

El autor procura discernir las características del “sujeto contemporáneo, producido por el posmodernismo” y anticipa “otro discurso, por el cual esto puede estallar, la masa puede levantarse y echar a andar”, siempre y cuando “se agregue un elemento, un ‘objeto voz’, que puede ser un ruido o un disparo en una esquina”.

Por José León Slimobich

Para hablar de subjetividad, en esta época llamada de crisis, es necesario entender la potencia del término “crisis”, en tanto una de sus traducciones posibles es el término “oportunidad”. Sin ahondar en la etimología de la palabra “crisis”, debemos preguntar: ¿oportunidad para qué?, ¿desde dónde, la oportunidad? En la cumbre de presidentes demócratas progresistas de América latina en Viña del Mar, Marco Aurelio García, ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, señaló que “los progresistas tenemos que pensar el poscapitalismo”. Y eso, agregó, “dependerá de lo que suceda en los movimientos sociales”. Tomaré esto para una gran pretensión, que no podré cumplir: hablar con claridad y certeza de subjetividad y poscapitalismo. Pondré ante ustedes sólo unos apuntes, ideas para reflexionar sobre estos dos grandes temas.

El primero es la subjetividad. Quiero señalar que no hablo como psicoanalista, sino como militante social, quiero decir, activista. Algo que no está situado dentro del estilo que existió, en general, en lo que se llama psicoanálisis, o a donde éste fue llevado.

El psicoanálisis se estableció –esto fue propuesto por Marcelo Percia en la revista Confines– como espacio de redención personal, revuelta íntima de buscadores de felicidad, gabinete seguro de confesiones revolucionarias y nostalgia rentada de una crítica inofensiva, agregada a una cierta normalización mojigata... especialmente en Argentina, pero, además, en cualquier otro lugar.

Entiendo, entonces que el psicoanálisis, como teoría en la cultura, ha tomado un nuevo lugar verdadero entre las lógicas que alumbran hoy la posibilidad de comprender, de entender, de mover algo en las direcciones emancipatorias. Y esto ya no restringido a un pequeño círculo, sino al pensamiento en general. Ya no es el chiste del diván y el sempiterno señor de la pipa..., aunque aún sea la realidad del psicoanalista, profesional, el de la salud mental. Ese no es el real del psicoanálisis. Como dije antes, es un discurso en la cultura y, por lo tanto, en la política.

Pero, entonces, entrando al tema de la subjetividad: qué es un sujeto. Vemos que todo el mundo usa ese término de la manera más cotidiana: se dice “ese sujeto es tal cosa”, o “la construcción de un nuevo sujeto político”, o se dice “la subjetividad contemporánea”. Y este modo de tratar al sujeto, casi electoral, tipo “elija usted qué quiere decir con la palabra sujeto”, es el correcto. Es un comodín.

El sujeto es aquel sitio que habla, en tanto usted lo dice. Y que usted atraviesa, en el momento de decirlo, para situarlo de un modo transindividual, en su relación con los otros, más allá de que usted sepa en qué está enredado, usted y los otros. En el límite, la subjetividad es un fenómeno que escapa a toda clase de condicionamiento individual, exceso en esa instancia individual. Eso habla. Y, además, debemos señalar que el sujeto tiene relación con la verdad. Sujeto y verdad están relacionados. Así, hablar del sujeto implica hablar de la verdad, como lugar dentro de una lógica.

Por eso señalé antes que el sujeto es un comodín: se arma un texto, y se coloca un sujeto, que funciona en ese texto que se armó. Podemos decir: el sujeto es un candidato a ser ocupado por quien toma la palabra, representando un lugar que lo excede como individuo. Como antes señalé, habla como subjetividad. La palabra clave es: transindividual.

Un ejemplo posible es aquel discurso que pone en forma al sujeto con nombre propio, en el lugar del elector. El sujeto de la democracia reside en las grandes masas votantes –perfectamente negociables–, y lo que hace del votante un sujeto es una doble inscripción: por un lado, saber que es parte de una masa; por el otro, suponer que practica un acto individual, que además percibe –esto es lo fundamental– como acto de peso verdadero y a veces decisivo en lo que ocurre en dicha votación, lo compromete sin más responsabilidad que haberse, quizá, equivocado. Esta doble inscripción es lo que caracteriza al sujeto en una división que le impide completarse por él mismo. El sujeto, en tanto elector, es situado en el campo de ilusión de una participación verdadera.

Podemos, entonces, decir que sólo se habla en términos de sujeto cuando el dicho toma un nombre universal, que pone en forma demandas particulares. Entonces, lo particular alcanza su posición de quedar situado en un sitio exquisito, pues hace parte del universal que lo nombra. Podemos entender esta posición con respecto a nosotros mismos, argentinos. Plantearé una hipótesis, ejemplo, del lugar del sujeto en el texto de la relación de Argentina con Latinoamérica: el sujeto es lo que representa el significante Latinoamérica para el significante Argentina. Sólo habrá sujeto político si el significante “Argentina” encuentra su significación en el significante “Latinoamérica”.

Si no reconocemos en el presente de la encrucijada latinoamericana la posibilidad, la potencia discursiva de nuestro sujeto político, y quedamos encerrados, capturados en el significante “Argentina” aislado, tendremos, respecto del proyecto emancipatorio, media derrota segura. Cualquiera puede objetar que ésta no es ninguna novedad. Pero se puede decir también que esto no está situado en el lugar de una verdad que oriente el conjunto de la política argentina, aunque se han dado pasos ciertos y verdaderos en ese sentido. Pero es aún más urgente comprenderlo.

No hay sujeto en lo particular cerrado sobre sí mismo. Y no existe un universal que, por serlo, no se abra hacia un particular. Y así, comprendiendo esta premisa, toda Latinoamérica es Argentina. La subjetividad, entonces, es la que, deslizándose entre ellas, pone en relación diferencias impensadas; y que aporta el vacío referencial necesario para que ellas se incompleten y combinen.

Podemos ahora preguntar dónde está el sujeto hoy. Lo haremos a través de su correlato: el objeto. El sujeto se relaciona con un objeto que lo causa.

Tomemos el sujeto de la ciencia: pensamos, sentimos, que la ciencia ha triunfado, que todo es la ciencia. Justamente, el sujeto de la ciencia es lo que la ciencia dese-cha, lo que a la ciencia no interesa, lo que la excede o la coloca en una posición de inconsistencia permanente. Por ejemplo, en el científico, el sueño, las fantasías o sus pueblos y pasiones no hacen parte de la ciencia. No hacen al concepto de ciencia. No estoy hablando de todas las definiciones de ciencia, sino de esa ciencia vinculada con la tecnología, de la ciencia triunfante, que produce los objetos que nos interesan. Hablo del celular, de la televisión, de la computadora, por ejemplo.

¿Y qué es lo que realmente nos interesa de ellos? Que nos permiten ejercer, más allá de la distancia, en la multiplicidad de posibilidades, una extensión de la voz y la mirada. El celular, la televisión. En la distancia, el ejercicio de la voz, y más llano, el camino de la mirada. Eso nos habla y nos mira. Este es el desecho, lo que queda fuera del cálculo. La voz, la mirada: estos objetos son los que nos interesan.

Entonces, observemos que ambos son ubicables sólo por un discurso, en un discurso. Son pues, letras. No es sólo la letra que se escribe en el cuaderno. Es la letra que está escrita en el cuerpo, en la voz, en la mirada; en sus cicatrices, tanto como en la palabra. Y esta letra es el objeto que causa al sujeto, ya que sólo un discurso puede recuperar esos objetos en juego, y los recupera en un discurso, con sus letras y lugares, más allá de las palabras, dándole todo su alcance al lazo social. Y, en él, a la creación de nuevos elementos.

Se trata del sujeto contemporáneo, producido por el posmodernismo, es decir por los dichos que lo convierten en un autómata de los medios de comunicación, que le ordenan lo que debe sentir, pensar, comer, viajar. Un sujeto que articula, como parte de su propio cuerpo, los descubrimientos de la ciencia.

Esta extensión infinita del oído y de la visión es la marca de la subjetividad del capitalismo, que lentamente va proveyendo todo lo que el fantasma del sujeto necesita como goce, como puro transcurrir del tener, y elimina un factor que llamaremos falta de gozar.

Una inquietud rabiosa

Una inquietud rabiosa, a mi parecer, será la marca del poscapitalismo. Un despertar progresivo y doloroso de un discurso sin límites, lo que quiere decir que el capitalismo es un monólogo del capital. Es un texto sin límite, es como escuchar a alguien que habla sin parar, sin parar. Que uno escucha pasivamente, y un día uno capta que aquel que habla sin parar sólo le da valor al que escucha si es consumidor, si acepta estar muerto para otra cosa, si es escuchante.

Dijimos un discurso sin límite, así es. El discurso capitalista no es ni impotente ni imposible: marcha a todo vapor, produce un goce sin medida, no acude a ninguna insatisfacción, aunque en su andar se insatisfaga medio mundo, pero no de discursos. La gente, como se dice, adhiere al discurso capitalista, porque... bien, una de las explicaciones es que somos lo que tenemos: cuando vamos a buscar el ser, encontramos el tener; es tal cosa, es lo otro, el objeto letra dice al sujeto: “Tú eres esto que crees poseer, pero soy yo el que te posee, pues no tienes otro modo de decir el ser, que imaginas completo, que al creer que tienes el objeto”. Y esto sucede pues, al decir el ser, necesariamente diré el ser en falta, y conseguir el objeto permite suturar dicha falta; por eso el dinero nos tranquiliza tanto: asegura el tener y, por lo tanto, asegura el ser. Parece una propaganda publicitaria: “Asegure su tener, que asegurará su ser”.

Así, entendemos que los desposeídos también adhieran al discurso capitalista, lo consumen. Más aún, lo único que consumen es ese discurso. Como señala Alejandro Kaufman, “el opresor es el que se encuentra en condiciones de poner a su favor el lenguaje”. Y esto es tan así, es tanto su poder que –nuevamente cito a Kaufman– “la base de tales comportamientos irracionales se desvincula de los intereses objetivos de los sujetos. El odio puede más que el hambre”. Y agrega, finalmente: “Si se logra que una población experimente un odio acentuado, y se orienta ese odio hacia cierto destino, se podrá ejercer un elevado grado de control sobre esa población”.

Cualquiera puede ahora señalar que no comprendo las necesidades materiales de la gente, que también hay razones políticas, etcétera. Lo cierto es que no hemos, aún, efectuado la política de otro discurso que derrote el discurso del Patrón, con mayúsculas.

Si algo he aprendido del psicoanálisis, y de la política efectivamente ejercida, es a desconfiar de las buenas intenciones. Porque el que nos enseña a pensar así es Fidel Castro, cuando señala que “ésta es una batalla de ideas”. Es, repito entonces, una batalla de discursos.

Discurso quiere decir retórica, y también potencia de acción, de realidad de producción política.

Y, por eso, es por otro discurso que esto puede estallar, que esa masa puede levantarse y echar a andar; lo demuestra toda Latinoamérica o gran parte. Y, cuando eso sucede, no es sólo cuando está todo preparado, sino cuando se agrega un elemento, un objeto voz, que puede ser un ruido, un disparo en una esquina, el ruido de una cacerola o el “que se vayan todos” de diciembre de 2001. Sintetizan, por un instante, toda la cadena de demandas heterogéneas, en una nueva configuración. Pero sin esa voz, sin ese ruido, sin ese objeto, no emerge la prisa. Apresurémonos, señala el objeto al sujeto, que vamos a perder el lugar en la cola, la silla donde sentarme, mi lugar en el grupo, el momento de la revolución. Por ello, el objeto, ese objeto que es letra en un discurso, vinculado al sujeto, no es sólo la voz, que nos toca y llama, la mirada del conjunto sobre la particularidad; es además lo oral, que marca la incorporación: poner adentro ese objeto, hacerlo particular en cada cual, y finalmente el don, la capacidad de dar, de entregar lo que sea necesario, en función de ese objeto letra que escribe la prisa del ser por existir.

Es impresionante cuando el objeto “a” se muestra como lo que es: un conjunto letra que no se agota en ser un objeto de la ciencia, que anima una multitud, cuando ésta se sitúa en las entrelíneas de un discurso que nos recupera de algo que destruye el tener y el ser, que agota con su giro incesante y superyoico diciendo “resígnate y goza de lo mismo, de ser basura”.

Esa recuperación del plus de valor, que se había cedido al amo o al capataz o al objeto que nos aliena y domina, al prejuicio, al sentido común; esa recuperación abre la posibilidad de nuevos juegos, aun no definidos y –aclaremos– de suerte incierta. Pero tienen la atmósfera de mantener el conflicto, de no cerrar la posibilidad y, por lo tanto, de avanzar en el campo de las transformaciones necesarias.

Enmarcado en este proceso de transformaciones, el poscapitalismo obtendrá una colección de nuevos recursos teóricos para pensar y pensarse, ciertamente originales o al menos con un lugar que antes no tenían. Y esto tendrá dos vertientes. Una será el establecimiento de nuevas formas de explotación, que sobrevendrán con las nuevas y convincentes tecnologías ecológicas. Será una época de continuación, pero de gran transformación ecológica, con una expansión cada vez mayor de las tecnologías de acumulación informática, y con transformaciones en los mapas del dominio mundial, de su geografía política. Pero continuará la explotación sin medida, la producción de inmensas masas sociales desamparadas en sus márgenes.

Pero, también, será la época del surgimiento de nuevas fuerzas políticas y sociales, impensadas, llamadas populistas, que renuevan la batalla por un nuevo orden en la distribución de las riquezas del mundo. Esto, nuevo, cuenta a su favor con los campos de trabajo e investigación, asimismo renovados, del campo teórico, como las teorías económicas que cada día ven más fuertemente vinculadas economía y política. Como también la filosofía y la politología, que ocupa hoy el lugar de la divulgación de las preocupaciones políticas y éticas, vanguardia en el combate contra ese sentido común que nos paraliza. Y también el psicoanálisis, que aporta sus lógicas del no todo, de la inconsistencia y de la letra, en la construcción de una subjetividad, aquella que será marcada por la participación popular, que es el rasgo distintivo de esa otra salida llamada poscapitalismo porque, sin los hombres y mujeres del pueblo, nada será posible y allí deben incluirse los intelectuales: la masificación participativa en el conflicto político.

Pues hoy lo que inquieta al núcleo del establishment es esta participación popular. Más aún, es lo único que les inquieta. Es lo que para nosotros es extraordinariamente venturoso y saludable: la reintroducción de la conflictividad en la escena política, y la idea de la confrontación, así como la homologación entre democracia y conflictividad. Y no sólo el voto pasivo de un sujeto neutro.

A esto se agrega la ruptura de la especialización. Donde las teorías de los campos diversos se nutren, se contaminan, produciendo efectos como la V Carta del Espacio Carta Abierta (29 de marzo de 2009), donde se esboza un programa que, tranquilamente, podemos llamar “poscapitalista”, pues, por qué no decirlo, es un programa que nunca se cumplió, al menos en la Argentina.

El poscapitalismo, suponemos, no nos entregará un sistema diferente si su orden político no produce vivienda salud y alimento. Pero además, algo que no es reversible: una biblioteca en cada casa, un hombre, una mujer que sepan apagar el televisor para escuchar el murmullo de la realidad, un militante que sepa que sólo habitamos y ame la utopía, el delirio de vivir. Y que este delirio es social y colectivo.

Finalizo señalando que el poscapitalismo, como lo soñamos, no se hará solamente con líderes fuertes y verdaderos, que durarán lo que dure ese duro deseo de durar, sino cuando esa transformación, que luchamos porque sea justa, más allá de toda justicia y más allá del derecho, fundada en que la pura voluntad de transformación, de algo injusto sin medida en algo injusto con medida, sea avalada por un sujeto de la inteligencia popular llamada participación popular. Esto es lo que nos enseñan los movimientos sociales, que no tendrán un saber erudito, pero tienen talento e intuición suficiente, ese que surge cuando no hay donde retroceder, donde no hay resto donde volver. Y de allí emergerán, de esto no tengo dudas, las posibilidades escriturales de su experiencia.

* Psicoanalista. Texto extractado del trabajo “Subjetividad y poscapitalismo”, presentado en la reunión “Miradas sobre Argentina y la crisis global”, del espacio Carta Abierta, el 23 de mayo.


CONSTRUIR PODER. DISEÑAR PUENTES ENTRE LA POLITICA Y LOS SECTORES POPULARES

miércoles, 22 de julio de 2009

EL CAMPO, LAS RETENCIONES Y LA CONSTRUCCION POLITICA.

La experiencia de los Kirchner tuvo un punto de inflexión: el tema del campo. Allí encontraron a un enemigo poderoso y el gobierno presentó mal la discusión: no se trabajaron las ideas por televisión, radio y demás medios. Esto quedó evidenciado, principalmente, en los sectores de clase media. No se explicó que cuando hay una gran suba en los precios de los productos exportables es necesario desacoplar los precios internos de los precios externos, porque si no los productos exportables se van al exterior y aquí nos quedamos sin nada. Del mismo modo, también es necesario tomar ese tipo de medidas para que el país no desplace otro tipo de producciones y se convierta en un país exclusivamente sojero. Cuando Venezuela tuvo el auge del petróleo, toda su producción se centró en eso y después terminó importando alimentos.

Tampoco se habló de la renta diferencial. No se tomó conciencia clara del poder del enemigo y que uno tiene que pelear cuando tiene la correlación de fuerzas más o menos pareja. Más allá de que días atrás Kirchner obtuvo los votos relacionados con el peronismo, este no era el peronismo del ‘45, con ocupación plena y con todos los trabajadores del cinturón industrial votando a favor del gobierno.

El tema del campo provocó un grado de escisión importante que no se resolvió. Además, aumentó el precio de los alimentos y los sueldos quedaron un tanto retrasados, algo que se trató de ignorar metiendo un poco la cabeza bajo tierra no publicando todos los datos del INDEC. Entonces, no alcanzó por más esfuerzo que uno hiciera para explicar que esto es algo parecido a aquello del ’45, porque la Resolución 125 apuntaba a la distribución del ingreso y avanzaba en un nuevo rol del Estado, reestatizando algunas áreas privatizadas, forjando una política latinoamericana excelente. Hay cosas que son muy importantes, pero que solo la militancia entiende, como ocurre con la importancia que tiene América latina.

Uno a veces piensa y cree que en general el resto de la sociedad piensa como la militancia, y no es así. Yo he visto en mi barrio a gente que votó a Macri en otras oportunidades y que, como no estaba muy conforme con la gestión del PRO, ahora votó a Pino Solanas, como si fuera lo mismo. A esa gente que no le interesa la política, sino tener su autito, sus vacaciones y algunos gustos; a esos sectores medios hay que ganarlos. Por eso, algunos me dijeron que no votaron contra el modelo, sino contra los modales. Algo de eso puede ser haber.

Recuerdo que John William Cooke decía: “el peronismo es el hecho maldito del país burgués”, pero también decía “es un gigante invertebrado y miope”, y a lo que se refería justamente era al problema de los cuadros políticos y del debate ideológico.

Cuando estaba Perón no había problema, porque él había dejado las tres banderas, y era el que marcaba el camino. Ahora el PJ no tiene nada que ver con Perón y esa sensación es bastante complicada, porque en realidad de todas las experiencias que se han producido después de su muerte fueron un peronismo reformista y socialdemócrata como el de Cafiero (un peronismo perfumado que no tenía nada que ver con lo auténticamente popular) y un peronismo entregado a las multinacionales y al imperialismo (como el de Menem) y el que los Kirchner vienen encarnado desde 2003.

Los movimientos setentistas, que en un momento en que la clase media estaba en ascenso (en los años ‘69, ‘70 y ’71) podían ser simpáticos, hoy parecerían totalmente insoportables. Hay gente que me ha dicho “no soporto a la Presidenta”. Y la Presidenta es un cuadro político excepcional. Habla 40 minutos sin ningún machete siquiera, no lee y elabora. Sin embargo, algunas personas tienen la idea de que ella quiere bajar línea, y no soportan las reacciones, a veces, confrontativas de Néstor. Hay sectores de clase media que la pasan más o menos bien y no quieren que les cambien nada. Pareciera que quieren el orden de los cementerios. Por eso, no quieren que se los limite con algunas cosas. Y así volvemos al problema con el campo.

Se ha fallado en la construcción, y esto no termina de definirse. A mí me resulta muy importante que se proclame que 2009 es el año de Raúl Scalabrini Ortiz, y que se lo imprima en todos los papeles oficiales. Cuando yo vi eso, fui a ver a un alto funcionario del ministerio de Educación y le dije: “yo te ofrezco 4 o 5 profesores de historia que pueden exponer. Juntemos 400 maestros y sus directores en una jornada pedagógica, incluso como militantes, sin cobrar un mango, para explicar quién es Raúl Scalabrini Ortiz y que ellos sean el vehículo para transmitirles a los chicos quién fue ese personaje.” Me contestaron: “Oh, sería extraordinario”, pero hasta ahora no tuve ninguna noticia. Todas las bibliotecas de los colegios deberían tener los libros de Scalabrini Ortiz.

Vuelvo otra vez a lo que decía Ugarte. “Nada es peor, nada es más peligroso, que una revolución a medias. Si uno ataca al enemigo, pero se detiene, y no sigue atacando, si no sigue atacando, el enemigo se galvaniza porque ve que puede perder algún privilegio.” Como lo hará la Sociedad Rural, por ejemplo, antes que el bolichero que está en la esquina de mi casa, que no tiene la mínima idea de quién es Biolcatti y que le molesta que el gobierno de Kirchner haya creado una cosa confrontativa con la Sociedad Rural, se queje porque no le llegó la carne a su pequeño negocio.

Estamos bastantes desprotegidos. Algunos me decían “ustedes están haciendo lo que no hace el gobierno: formar una mesa para conversar y juntar los compañeros sueltos que vienen de la vieja lucha.” Hay que reconocer que la derrota es bastante grave y se habla de Kirchner como autoritario y confrontativo y en estos seis años no se reprimió ni asesinó a nadie. A De Angelis, cuando lo detuvieron, le hicieron upa para no lastimarlo. Sin embargo, en los medios sigue pesando la cuestión de la confrontación. Encima, el debate político ha sido lamentable. Ninguno en la oposición presentó un proyecto, y lo que propone Carrió es volver al Fondo Monetario. Y el FMI no ha cambiado, lo siguen manejando las grandes potencias. Más de lo mismo.

La experiencia del 28 de junio tiene que servir para modificar la construcción política en un gobierno que sufrió una derrota electoral. Es cierto, tenemos problemas irresueltos en la lucha y en el debate de ideas. Aquí hubo un vaciamiento ideológico que nos empantana y del que solo podemos salir con discusión y con la construcción política del campo popular.

Norberto Galasso - 17.07.09

OPINION DEL ACTOR FEDERICO LUPPI